Lokos y Xifladas

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domingo, 25 de noviembre de 2007

El cinismo de la Hipocresia

El cinismo de la Hipocresia
En estos tiempos de plomo y celofán que vivimos peligrosamente, en los que la debilidad de las ideas pesa sobre nuestras cabezas y desorienta a tantos tontos. Tiempos en los que nada parece lo que es, envueltos como están por el velo de la mentira y el manto de la farsa, henchidos de simulacro y afectación.
La hipocresía pasa por ser un término muy antipático y con muy mala prensa. Cierto. Pero no deberían ser éstos motivos suficientes para su completa impugnación. Aunque no se trata de un concepto por vindicar como paradigma del comportamiento práctico, tampoco es cuestión de sacudírselo de encima cual animal apestado. Se comprende esto en el momento en que nos percatamos de la función reguladora y civilizadora de impulsos y de salvaguardia del ámbito de la interioridad que cumple en la sociedad.
Diríase, aun a riesgo de parecer provocador, que desde la perspectiva de la filosofía moral y política la hipocresía no se presenta sólo como un "mal necesario", sino también como un tipo de comportamiento que, bien aprestado y dentro de un orden, desempeña una función provechosa en la sociedad, y, si se me apura, necesaria.

La hipocresía puede asumirse, entonces, sin extravagancia ni amago de cinismo como un peaje que el hombre debe pagar por mor de la sociabilidad: "Un homenaje que el vicio rinde a la virtud" (La Rochefoucauld); esto es, el precio que demanda la civilidad al individuo a fin de garantizar la vida en común con otros humanos. Aún diríamos más: un requerimiento de la civilización en aras de la consolidación de formas sociales más racionalizadas, menos sujetas a la espontaneidad y al instinto.
En la descripción que realiza Ferdinand Tönnies de los conceptos de comunidad y asociación (Gemeinschaft y Gesselschaft), describe el sociólogo alemán el paso de la sociedad tradicional, noción representada por la primera categoría, a la sociedad moderna, contenida en la segunda. La "comunidad" representa, entre otros rasgos, el ámbito humano de la manifestación abierta e irreprimida de la sinceridad en la comunicación humana, de la interpenetración sentimental de los miembros del grupo, mientras que la "asociación" comporta, también entre otras distinciones, la emergencia de la hipocresía como una forma de vínculo social fingido, articulado e integrador, llamado a reunir las acciones e intereses de los individuos, aunque sin afán de homogeneizarlos ni asimilarlos en un todo absorbente.
Una regla primordial de la vida social en común es, verbigracia, la cortesía, y, en general, los buenos modales. Consisten éstos en un intercambio de cumplidos y atenciones, de señales, que buscan visualizar la preocupación de unos por el bienestar de los otros, aunque, en realidad, y en última instancia, cada cual piense en sí mismo y cuide de sus bienes y propiedades en libre competencia con los demás, sin otros frenos que los marcados por la ley. En sociedad uno no siempre debe decir lo que piensa. Tampoco, en rigor, sabremos plenamente qué es lo que a los demás les
hace bien. En cambio, sí somos capaces de barruntar con suficiente certeza qué es lo que les hace mal y daña. Esta distinción es básica, pues el segundo indicio determina la guía principal de acción social y política, preferente con respecto al primero.
Supondría, con todo, un error enorme confundir la hipocresía, entendida en términos de conveniencia social y moral, con el cinismo zafio y grosero propio de la moral alicaída, a
la vez que destructora. Sería asimismo una imperdonable irreverencia confundirla e implicarla con la sabia doctrina de Antístenes y Diógenes. El cínico moral contemporáneo, que nada tiene que ver con el clásico, es un ser ordinario, un bruto que deshonra el nombre mismo de la ética, uno de sus enemigos más dañinos. Se burla de la virtud, y su voluntad débil no la mueve un impulso trasgresor sino la perfidia nihilista que convierte a su portador en un farsante, un falsario peligroso. En el hipócrita social no hallamos signo de mendacidad sino de adaptación. De disimulo, pero no de simulación.
La hipocresía no propone apropiarse de lo ajeno, ni reemplazarlo, ni ponerse en el lugar del otro, sino ganarse lo propio, afirmar su voluntad e interés en concurrencia con los de los demás. El hipócrita acepta las reglas de juego que rigen en la vida en común, una de las cuales, tal vez la más provechosa, dictamina que a los hombres hay que instruirlos y, en última instancia, soportarlos, jamás ultrajarlos (Marco Aurelio). Enseña, pues, las cartas en ese juego que es la civilidad, y no se oculta, pero, claro está, juega sus cartas. Sabe que la virtud es superior al vicio, pero también que aquélla no siempre se impone, ni tal vez deba hacerlo. En este punto, la prudencia y la discreción superan en virtuosidad a la cruda franqueza, la abierta sinceridad y la ciega interpenetración humana. Y acaso engañan menos que éstas.
La Rochefoucauld colocó en el encabezamiento de sus reflexiones morales, sus Máximas, el siguiente lema: "Nuestras virtudes no son, a menudo, sino vicios disfrazados". No se vea aquí tampoco asomo alguno de cinismo, sino un sutil conocimiento de la naturaleza humana y de la sociedad, el juicio de quien tanto le repugna la bárbara procacidad como le perturba la áspera sinceridad; ambas conductas, sin duda, difícilmente soportables.
La observadora y curiosa hipocresía poco tiene que ver con el impúdico y falso cinismo. La hipocresía apunta a una representación medida, ordenada y socialmente convenida, que repercute, directa o indirectamente, en una práctica beneficiosa, no forzosamente benefactora. El cinismo implica, por el contrario, una exaltación indisimulada de improbidad, de práctica maliciosa y de doblez. Ocurre que el hipócrita no alardea de su incorrección, sino que tiende al ocultamiento y a la circunspección. El cínico, en cambio, presume de lo que sabe que es impostor o pretendido.


Compilado de la red...

2 comentarios:

TiburonX069 dijo...

Al margen de cualquier planteamiento filosófico, que para todos los gustos encontraríamos......, según el Diccionario de la Real Academia, la Hipocresía consiste en: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
Para mi, que una sociedad no precisa se le alaben como aciertos asuntos que no merecen, principalmente cuando tales alabanzas se basan en la falsedad.
Besazoo.... y es muy interesante el tema, aunque no comparta algunos de los puntos de vista que contiene.
Muakkkkkkkk.

Afrodita dijo...

En la vida se encuentra de todo... y por mas ke no nos guste, la hipocresia es invitado infaltable en toda mesa puesta...
Lo ke yo piense o deje de pensar de la hipocresia no me salva de ella...
un besazooo muackkkk

Mas Que Sorprendente Reloj: